¡La humildad te hace grande!

Para Artur

como-reponerte-de-la-perdida-de-un-gran-amigoEn esta ocasión, me permito abusar de este medio para saludar con mucho aprecio y reconocimiento a UN GRAN AMIGO de toda mi vida… que hoy cumpleaños. 18 de Febrero,  Infancia, Alegrías, Errores con Aprobación, la vida te da alegrías, alegrías te da la vida

La Humildad Es Lo Que Hace Grandes a la Personas

Para Arturo

(Del lat. humilĭtas, -ātis).

  1. f. Virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento.
  2. f. Bajeza de nacimiento o de otra cualquier especie.
  3. f. Sumisión, rendimiento.

~ de garabato.

  1. f. coloq. humildad falsa y afectada.

Esta última no la comentaré por no ser relevante con lo que aquí pretendo abordar, que tiene que ver con las bondades de la humildad para la persona que la profesa, para la gente que le rodea, y para la organización a la que pertenece.

Así pues me centraré en el resto de acepciones comenzando por el final. Quizá antaño, «el ser humilde» o «el ser de origen humilde» tuviera que ver con diferentes motivos de sumisión y rendimiento, o con «bajeza de nacimiento», término que con sólo escucharlo me pone el vello de punta. Quizá lo fue en épocas y lugares propios de antiguos, obsoletos y sinsentidos escenarios que a poco que me deje llevar se me antojan de película, por la sensación de irrealidad que me produce pensar el modo en el que el ser humano ha llegado a ser capaz de vivir y de relacionarse con sus congéneres a lo largo de la historia. Escenarios económicos y sociales donde la vida humana valía lo que la persona fuera capaz de servir al poderoso, donde la esclavitud era la norma y el modo de determinar el rango social de aquellos que hacían uso de ella, donde el abuso continuo y despreciable de quien ostentaba algo de poder sobre el pueblo era legítimo, legal y letal, o donde los derechos prevalecientes y abusivos de quien simplemente había nacido en una «familia bien» eran motivo de distinción.

Pero hoy no deberían tener cabida estas acepciones. No en pleno siglo XXI, donde pese a que todavía existen lacras que erradicar; donde pese a que todavía existe el abuso y el menosprecio a la vida y a los derechos humanos, a diferencia de épocas pasadas afortunadamente no es la norma sino la excepción, y también a diferencia de aquellos escenarios que se me antojan de ciencia ficción, la conciencia social rechaza y condena por lo general, cualquier conato de discriminación, abuso de poder, desigualdad o injusticia.

Quizá la Real Academia debería revisar más a menudo los significados que da a cada una de las palabras, dado que estas deben evolucionar para adaptarse a la realidad en la que vivimos, dejando atrás aquella acepción originaria que no tenga ya cabida. Las palabras cuanto menos deberían estar al servicio de las personas y nunca al contrario, por cuanto estos términos obsoletos pueden causar grave confusión. Y es que en demasiadas ocasiones, estas definiciones caducas permanecen en la memoria y forman parte de la cultura de muchos, quienes para el caso que nos ocupa, en lugar de observar la humildad como un valor, ven en ella una muestra de rebajo social; pensamiento este que como veremos más adelante, coarta en gran medida la puesta en valor de su potencial y mengua sus expectativas de felicidad tal y como yo la entiendo —relacionada con el autodescubrimiento—, sin que siquiera quienes así piensan sean conscientes de este hecho.

Dicho esto me centraré por tanto en la primera de las acepciones que define la humildad como una virtud consistente en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento, acepción que sin duda a mi juicio mantiene su plena vigencia. Es esta conciencia de uno mismo en relación a la grandeza humana lo que permite a la persona humilde ser excelente tanto en lo personal como en lo profesional, no siendo así por esta virtud en sí misma, sino por ser esta un potenciador de otras, y en todo caso no tener cabida la excelencia en ausencia de la misma. Es decir, la humildad junto a otras virtudes que se ven potenciadas por esta, nos lleva a la excelencia, que en ningún caso es posible sin que se de la circunstancia del valor que ahora es objeto de nuestro estudio.

Y ello por cuanto que el humilde, consciente de su pequeña dimensión respecto a la complejidad y el potencial del ser humano, sabe entre lo mucho otro que le reporta esta visión de sí mismo, que la verdad tiene muchos puntos de vista y que la razón no es de su exclusiva propiedad, lo que le hace ser, por ejemplo, un excelente conversador.

Es el humilde también un buen aprendedor, al haber comprendido que cualquiera puede cometer un error y darle valor reconociéndolo y aprendiendo de él, y pidiendo perdón si afecta a otros, no por todo ello siendo menos, sino más bien todo lo contrario.

Es el humilde además un buen líder por cuanto reconoce en la autoridad algo mucho más poderoso que el propio poder, y que los títulos, honores o cargos no implican que esta se posea, pues sólo es posible desde la dignidad, la humanidad y la legitimidad de la persona, y que debe ser ganada, pues a diferencia del poder nadie la otorga.

Es el humilde sin duda generoso y un generador de progreso, por cuanto consciente de sus limitaciones, está convencido de distribuir su conocimiento, pues sólo perteneciendo a todos es cuando multiplica su valor y garantiza su supervivencia, dándose la circunstancia de que quien lo posee —el humilde— es aún más grande cuando lejos de apropiárselo, lo comparte.

Es el humilde a su vez un buen maestro, pues consciente de lo mucho que tiene por aprender, no da lecciones magistrales, sino provoca reflexiones a partir de las suyas propias, y sobre todo se afana por aprender de todos aquellos quienes le escuchan, le atienden y le siguen.

Es el humilde por tanto un buen comunicador, pues sabiendo de sus limitaciones y debilidades, parte siempre desde la idea de escuchar, aprender y dar, y nunca desde la de hablar para ganar; lo que paradójicamente le lleva a ser un gran negociador.

Y es el humilde entre otras muchas cosas un buen amigo, pues consciente de la pequeñez del ser humano, refrendará y ensalzará los logros de los demás con independencia de lo grandes o pequeños que estos sean, al comprender el significado profundo que estos tienen para quienes como él, luchan cada día por alcanzar sus sueños.

No confundamos la humildad con la resignación o el menoscabo de nuestras propias capacidades, pues es el humilde quien a base de experimentar y de entender la vida desde ese punto de vista, ha sido capaz de advertir su propio potencial y de aprender a ponerlo en valor al servicio de los demás. Es esta la paradoja de la humildad y es por ello los grandes genios como las grandes personas, suelen ser gente humilde;

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Acerca de Eugenio Gambetta Gabin

Agente de Bienes Raíces e Inversiones.
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